Esta semana nos planteamos exponer un caso de autismo y de cómo se trabaja a través de la terapias asistida con animales.

 

Antes de nada, se va a aclarar el perfil del paciente.

R. es un niño de 11 años con un trastorno autista. Dicho así, podemos imaginarnos más o menos qué tipo de comportamientos va a mostrar por lo que conocemos a través de los medios de comunicación.

Sin embargo, cada caso es único aunque estemos clasificándolo dentro de una categoría determinada, por lo tanto necesitamos información más concreta para plantearnos una intervención (para aclarar esto, se pueden ver las publicaciones previas sobre la importancia de las etiquetas diagnósticas y el análisis funcional).

R. cuenta con varias conductas funcionales que le permiten adaptarse a situaciones cotidianas. Le gusta interactuar con personas, camina sin problemas, tiene un amplio repertorio de vocabulario, es bastante autónomo en actividades de la vida diaria como lavarse los dientes, ducharse, peinarse…

Sin embargo, en cuanto a las conductas problemáticas, radican en comportamientos de autoestimulación tipo introducir el pulgar en la boca y el anular en la nariz, tiene una mala pronunciación de las palabras, muestra rabietas e insulta cuando no quiere hacer algo, le cuestan los tiempos de espera y pega a su hermano o lloriquea cuando su madre interactua con éste.

Se empezó a trabajar la interacción con el animal de una manera progresiva para poder hacer que la herramienta sea efectiva y poder aumentar los tiempos de atención y concentración de R. y por lo tanto garantizar un mayor aprendizaje. Se hicieron 4 sesiones de evaluación a través de observación natural, informes de otros profesionales y entrevista a los padres.

Una vez se contaba con una amplia lista de reforzadores, se pasó a trabajar con el perro las actividades que más le agradan a R. de tal forma que poco a poco el animal pasará a ser reforzante en sí mismo.

Por ejemplo, a R. le gusta la música. Si quería escucharla, antes debía emitir las respuestas a las demandas que le hacía el psicólogo. En el momento de escuchar la música, se posicionaba a la perra a una distancia que R. cada vez iba tolerando más. La música que para él era el mayor reforzador posible, al estar asociado ya a la presencia del perro, cuando éste no está muy cerca, ignora la música hasta que el perro le acompaña. Esto último nos demuestra que un elemento que en un principio era neutro, ha pasado a condicionarse de forma positiva y por lo tanto permite al profesional aumentar los tiempos de atención y concentración, así como a aumentar el repertorio de reforzadores del niño, en este caso, asociados al animal.

Durante los primeros seis meses de intervención se estuvo incidiendo en trabajar la demora del refuerzo (es decir, que sepa esperar a obtener aquello por lo que ha respondido), la vocalización y pronunciación y las autoestimulaciones (meterse la mano en la boca y en la nariz) a través de actividades asociadas al animal.

Es importante resaltar que se llevan a cabo sesiones de padres de forma frecuente (mínimo una al mes) para poder generalizar el aprendizaje del niño a otros ámbitos. En unos meses está prevista la entrega de un perro de asistencia para R. que pueda facilitar su autonomía en su vida cotidiana. En tan solo unos meses R. ha mostrado cambios significativos en su comportamiento, por lo que podemos esperar que la tenencia de un perro de estas características le va a aportar múltiples beneficios.

1. En la primera imagen se capturó uno de los momentos en los que se hace que el perro apoye su cabeza y ejerza presión sobre la pierna de R. a la vez que le da calor. Si conseguimos reducir su activación, podrá concentrarse mejor en las tareas.

2. En la segunda imagen se muestra un ejercicio de imitación. El terapeuta plantea una secuencia, poniendo distintos objetos con respecto al animal para que posteriormente R. lo reproduzca.

3. Trabajando motricidad fina a través de manipulación de pequeños trozos de papel y pegándolos sobre una plantilla del perro que trabaja con R.

Andrea López Bosch

Fuente: ERGO Psicólogos

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